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LAS MATRIARCAS DE LA DINASTÍA SEVERA
I. BIOGRAFIA DE SEPTIMIO SEVERO Y JULIA DOMNA
La Dinastía Severa destaca por el importante papel que desempeñaron las mujeres que la integraron, desde la emperatriz Julia Domna, esposa del emperador Septimo Severo que fue quien la inició, y madre de los emperadores romanos Caracalla y Geta, a Julia Maesa y Julia Mamaea, abuela y madre respectivamente del último emperador de esta dinastia, Alejandro Severo. Sin olvidar a Julia Soemias, madre del emperador más pólemico de esta familia, Heliogabalo.
Estas mujeres de origen sirio, hijas y nietas del Sumo Sacerdote del dios Baal de Emesa, llegaron a gobernar Roma al menos de facto y le dieron 4 emperadores siendo tanto Julia Domna como Julia Maesa deificadas. Pero veamos cuales fueron las circinstancias que se daban en Roma cuando esta dinastía se inició.
Tras la muerte de Commodo, Roma pasó una época de turbaciones con un vacío inicial sucesorio que conocerá 5 emperadores en pocos meses y luchas civiles entre ellos.
Tras Pertinax, Didio Severo Juliano, Pescenio Niger, y Albino, finalmente Septimio Severo fue emperador comenzando en el 193 la Dinastía Severa que duraría hasta el 235, con la muerte sin sucesor del último de los emperadores Severos, Alejandro.
Como deciamos las mujeres de esta dinastia tuvieron mucha importancia y llegaron a gobernar en algunos periodos el imperio de facto, esto podemos verlo por ejemplo en que fue la primera y única en la que el Imperio Romano acuñó monedas a todas las mujeres de la familia imperial, esposas, madres y abuelas, lo cual no puede considerarse un hecho nimio ya que las acuñaciones imperiales eran documentos oficiales del Estado, de ahí que la aparición de mujeres ligadas a la casa imperial fuera poco frecuente en los siglos I y II.
Sin embargo en la dinastía Severa, como ya hemos dicho, todas las mujeres directamente implicadas en la sucesión de los emperadores aparecían en las monedas.
Esto nos da un importante testimonio de la implicación de estas emperatrices en los asuntos de Estado.
Una mujer no podía dirigir el imperio, pero si aparece mencionada o representada frecuentemente en los documentos oficiales (monedas por ejemplo) podemos pensar que tenía una influencia política considerable.
Además los Severos eran de origen oriental, en particular Julia Domna de Siria, donde tradicionalmente el papel de las mujeres en el gobierno había sido mucho más relevante que en Roma y donde se recordaban aún a grandes reinas por las que la emperatriz sentía una gran admiración, como fueron Semiramis y Nitocris de hecho, tomándolas como ejemplo intentó seguir gobernando en solitario tras la muerte de su hijo Caracalla y cuando vió que no lo conseguiría y Macrino la desterró a Siria, prefirió suicidarse por inanición a seguir viviendo alejada del gobierno.
Lucio Septimio Severo, nació el 11 de abril de 146 en Leptis Magna, Tripolitania, y provenía de una familia de origen itálico.Tras la pérdida de su primera esposa, ,Paccia Marciana, Septimio consultó a diversos astrólogos para encontrar a una mujer adecuada para ser su segunda esposa, finalmente al enterarse que había una joven Siria, cuyo horóscopo le había predicho que con el hombre que se casara llegaría a rey, no lo dudó y la pidió en matrimonio, era claro, Julia Domna.
Julia Domna, nació en Emesa, Siria, aproximadamente en el año 170, por lo tanto contaba unos 15 años al casarse con Septimio que tendría unos 40.
Era hija de Julio Bassiano, Sumo Sacerdote del Dios Baal, y pronto tendría a sus dos hijos Caracalla (188) y Geta (189).Fue famosa por su inteligencia y su alto nivel cultural y tanto su esposo como posteriormente su hijo Caracalla le consultaron frecuentemente en asuntos de importancia relativos al imperio y tanto uno como otro cuando combatian en cualquier esquina del Imperio la dejaban a ella gobernando y administrando en Roma, y entre los años 193 a 217 fue una de las personas más poderosas del Imperio.
Se rodeó de un círculo de intelectuales y filósofos como Filóstrato de Apamea, Diógenes Laercio y Elieno y juristas como Papiano, Ulpiano y Paulo y otros escritores, y fue considerada la guía intelectual del imperio romano durante el reino de su marido Séptimo Severo y de su hijo Caracalla.
Septimo también tenía una buena cultura griega y latina, se interesó por la filosofía y la astrología, y se rodeó de poetas como Septimio Nestor y él mismo redactó su biografía. Era más supersticioso que religioso, creyente en oráculos, sueños y horóscopos. Se imbuyó en Siria del misticismo oriental.
Fue devoto de Hércules y de Liber Pater, de la diosa Celestis, del Sol y de Júpiter Heliopolitano. Se mostró al inicio más tolerante que otros Emperadores con los cristianos y escogió un preceptor cristiano para su hijo Caracalla pero a pesar de esto, después de la guerra pártica realizó inesperadamente un decreto persecutorioy disgregó la famosa Escuela de Alejandría.
Ya siendo Emperador, se identificó con Júpiter Dolichenus, mientras Julia Domna se identificó con gran número de diosas, como Hera, Juno Regina, Leda, Virgo caelestis, Demeter, Proserpina, Cibeles, etc. Recibió también, a partir del 196, el título de Mater Castrorum.
En el el año 216, Flavio Filóstrato, (175-245) un literato que formaba parte del cenáculo de los escritores y hombres de cultura de los que se rodeaba la emperatriz filósofa Julia Domna, escribió «Vida de Apolonio» a petición de la emperatriz que le entregó como indicio un manuscrito que ella poseía (Este cuaderno de notas (o tablillas) habría llegado a manos de la emperatriz por medio de un pariente del discípulo y su autor había sido este discípulo y compañero de viajes de Apolonio).
Filóstrato, es el único escritor de la antigüedad que ha conseguido hacernos llegar su Vida de Apolonio. Todas las obras «vidas» (de la que se tenía conocimiento) se han perdido y permanecen solamente referencias en otros autores o comentarios.
Pero todo esto no sucedería sin que se produjeran reticencias entre algunas personas de la corte, tanto por su origen como por el poder que adquirió, destacando claramente, Cayo Fulvio Plautiano, Jefe del Pretorio, y con gran ascendencia sobre el emperador que según palabras de Cassius Dio “la odiaba cordialmente”.
Esto le llevaría a investigarla y espiarla constantemente, dirigiendo hacia ella las más variadas acusaciones, entre ellas parece que la que llevó más lejos fue la de adulterio por lo que Julia llegó a ser juzgada, aunque este juicio finalizó al morir Plautiano.
Pero no fue éste el único rumor al que tuvo que hacer frente, en la obra de Cassius Dio vemos que se la acusaba de “torturar a mujeres de la nobleza romana” y Aelius Spartianus afirmó de ella en su “Vida de Severo”, que era “notoria por sus adulterios y por conspirar contra el emperador”.
Todo esto llevó a Julia Domna a refugiarse más en la filosofía y rodearse de sofistas, siendo una de las mayores promotoras de la cultura oriental en Roma.
En el año 202, su hijo Antoninus (Caracalla) ya César y con sólo 14 años se casa con Iusta Fulvia Plautilla, hija de Plautianus y definida por Dio como “la más insolente de las criaturas”.
Fue por supuesto un matrimonio de convenencia y la relación entre ambos fue de mutuo desprecio y odio.Sin embargo, la celebración de las nupcias debió ser uno de los hechos más espectacular realizado en Roma en mucho tiempo. Septimio celebró conjuntamente al enlace, el X Aniversario de su reinado y Plautianus dio una dote a su hija que habría sido suficiente para 50 mujeres de rango real.
Se realizaron enormes banquetes que unían las costumbres reales con las bárbaras (orientales), sirviendóse tanto platos cocinados como animales aún vivos. Se realizaron juegos y se trajeron 400 animales vivos de todo el mundo, incluyendo la Corocotta no antes vista en Roma.
Según parece los gastos de los festejos llegaron a los 200 millones de sestercios...cifra nada despreciable.
Durante su matrimonio con Plautilla, Antoninus sumó a las malas relaciones con su esposa, su resentimiento contra Plautianus. Intentó en varias ocasiones sacar a la luz diversos complots que supuestamente realizaría Plautianos contra el emperador para que definitivamente perdiera el favor de éste que le mantenía en una situación muy privilegiada.
Fue en el año 205 cuando Septimio ya cansado de tantas habladurías manda llamar a Plautianus y durante la entrevista que mantienen, en la que estaba presente Caracalla, éste último cree ver un gesto de amenaza hacia su padre ordenando a los sirvientes que le mataran y dejaran el cuerpo en la calle fuera del Palacio, así nos lo relata Dio, aunque otras fuentes simplemente indican que Caracalla con el consentimiento del emperador ordenó su ejecución.
Tras la muerte de Plautianus, el emperador y Caracalla ordenaron el destierro de Plautilla y su hermano, Plautus, a las islas Lipari, donde vivieron unos años con menos de lo necesario. Pero cuando el emperador murió, Caracalla ya como emperador mandó asesinarlos en el 212, otras fuentes opinan que también asesinaron a la hija que Plautilla tuvo con Caracalla, aunque no hay referencias fiables de la existencia de ésta.
A pesar de esto podemos encontrar acuñaciones a nombre de Plautilla realizadas durante el reinado conjunto de Septimio y Caracalla, así como, aunque parezca increíble durante su destierro y poco antes de ser asesinada.
La situación de Julia Domna en la corte mejoró notablemente tras la muerte de su peor enemigo y a partir de ese momento goza de la completa confianza de su esposo siendo una de sus principales consejeras.
Severo prestó especial atención al embellecimiento de Roma, con nuevas construcciones, como el arco que lleva su nombre, levantado poco después del 200, para celebrar sus campañas de Oriente. Restauró el templo de Vesta, de Vespasiano, de Júpiter Stator, de Juno Regina, el pórtico de Octavia, el Panteón, el teatro de Pompeyo y la casa de las Vestales. Comenzó las construcciones de las termas de Caracalla. terminadas en el 216. Levantó el llamado porticus Severi, en el Campo de Marte, y las termas del Trastévere.
Septimio, en el 208, inicia una campaña en Britannia, acompañado de su esposa, de sus dos hijos y del prefecto del pretorio Papiniano, con la intención de tomar toda la isla.,
Las relaciones entre sus hijos ya no podian ser peores y bastaba que algo agradara a uno para que el otro lo detestara.
Durante esta campaña pareció que el odio de Caracalla hacia su hermano se acrecentó tanto que su padre empezó a temer que lo asesinara, pero no era sólo Geta quien estaba en el punto de mira de Caracalla pues según Dio en esta campaña intentó atentar en varias ocasiones contra su padre hasta el punto que éste llegó a decirle,
“Ahora si realmente quieres matarme, hazlo, eres fuerte y yo soy viejo y estoy postrado....pero si no quieres hacerlo con tus propias manos, ahí tienes a Papianus, el prefecto, a tu lado, al que puedes ordenar que lo haga, pues seguramente hará cualquier cosa que tú le ordenes pues practicamente eres el emperador”.
Finalmente, Septimio murió en Britannia, quedando siempre la duda si fue debido a su mala salud o a que fuera envenenado.
Dio nos relata las palabras que dirigió a sus hijos antes de morir,
“Tened armonía, enriquecer a los soldados y despreciar a todos los demás hombres”
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